¡Qué tontos
somos!, que damos pie a enfadarnos, por el simple hecho de
reconciliarnos, sin tener en cuenta que siempre es mejor mantener el
amor intacto a ponerle un parche.
¡Qué tontos
somos!, que queremos amarnos con las ideas, gustos y decisiones del
otro, cuando somos únicos.
¡Qué tontos
somos!, cuando no confiamos ni en nosotros mismos, pero sí en quien
nos adula.
¡Qué tontos
somos!, cuando no queremos más regalo que “que nos regalen la
oreja”.
¡Qué tontos
somos!, cuando necesitamos escuchar un “Te quiero”, antes que
tener la valentía de un “Yo puedo”.
¡Qué tontos somos!